Ubicado entre cerezos y montañas, este antiguo molino del siglo XVIII cuidadosamente restaurado combina la arquitectura tradicional de piedra y madera con un diseño contemporáneo pensado para la calma. Sus cuatro habitaciones ofrecen vistas abiertas al valle y disponen de chimenea propia, ideales para desconectar por completo del ruido urbano y disfrutar del murmullo del río cercano.
La propuesta gastronómica gira en torno al producto de cercanía y la tradición extremeña. El desayuno, servido cada mañana en el patio interior arbolado, incluye mermeladas artesanales elaboradas con frutas de la propia finca, quesos curados de la zona, aceite de oliva virgen extra local y pan recién tostado al horno de leña. Además, los propietarios organizan rutas guiadas por los senderos menos conocidos del valle y catas privadas de aceite y vino de la región al atardecer.