Así que, al principio, en 1997, estaban los chats de irc y los grupos de noticias. Tenían nombres como alt.lit.esp. te llegaban al correo en forma de miles de emails, el forocoches de entonces. Mi seudónimo era Ras al Ghul, el malo relativo del primer Batman que me leí. La gente se ponía nicks con referencias que no pillaba, aunque años después me di cuenta de que la mitad estaban sacados de El señor de los anillos. No me sorprendería nada enterarme de que los trolls se llaman trolls precisamente por eso…. pero este tampoco es el cuento que venía a contar.
Mis primeros accesos a internet fueron a través de una máquina de monedas que había en el bar Sanjo de la plaza Santa Cruz de Valladolid. No es que yo haya sido nunca un hacker, pero era bastante fácil de trucar para pasarte horas allí con una moneda. La idea era estupenda para enganchar a los chavales que veníamos de los salones recreativos: una máquina de monedas con una bola-ratón en el medio y un montón de botones de colores de los que sólo servían para algo uno o dos. Lo que pasaba luego en la pantalla no era Gauntlet ni Tetris ni Street Fighter. En los chats sin censura se veían cosas ampliamente inadecuadas para todos todos todos los públicos. Y no hablo de gente en canicas, ojalá. Como lo recuerdo, sé que internet ahora es un gatito… y creo que me he vuelto a salir del tema.
Cuando por fin tuve mi primer ordenador, enseguida me puse a hacer lo mismo que hacía antes con boli, tijeras y fotocopias: contar mi vida. De mis primeros fanzines, el Guay y el Modesty Blaise, a las páginas web. El PC, de una burrada de megas, 128 o así, había salido de una fisura en la mandíbula que me hizo un tipo con un puñetazo-botellazo en las fiestas de un pueblo de Zamora. Le condenaron, vendió unas ovejas y me tuvo que pagar una indemnización con la que me compré el aparato. Supongo que eso era el progreso: ovejas por un pentium con violencia de por medio… pero esto aquí tampoco era.
Mi primera web (o acaso la primera que recuerdo) fue la web delZine. Gifs animados que giraban en 3d, muchos muñequitos aquí y allá, fondos de colorines, el midi de Casablanca atronando… Era la web del bar que montamos mi hermano Carolo y yo en el Cine de Olmedo. De la mitad de las butacas hacia el fondo era un garito semiiluminado con luces discotequeras, un cartel enorme de Lo que el viento se llevo y unos nachos mexicanos auténticos que eran Doritos con el pisto que nos hacía la señora Patro… nada, que no hay manera.
ME CENTRO. Estamos en 1999: alguien te acaba de contar el final de El sexto sentido; acabas de encontrar cosas sobre Bruce Willis en el buscador de moda: Olé; tu primo te da su opinión sobre el efecto 2000; pones la tele y en Antena 3 echan otro reportaje molón sobre las profecías sobre el fin del mundo; desenredas el cable del teléfono para hablar con un amigo del barrio que te cuenta que va a hacer el Camino de Santiago, que si te apuntas; en la portada del periódico, en el revistero, ves de reojo a Aznar, que tiene bigote.
Unos chicos/protoentrepreneurs de Valladolid me proponen escribir en la primera revista digital de tendencias de la que oigo hablar: Ociototal. Hacen lo mismo que cualquier revista de tendencias de ahora: enlaces a tutiplén, titulares que enganchan, temas muy de actualidad o muy de internet, colaboradores que cobran entre poco o nada… Pero como se han adelantado una década a la cosa, terminan cerrando. Salían del futuro y ni siquiera sabían que lo suyo se llamaba emprender.
Ahí escribo mis primeras cositas, que se conservan online por no sé qué milagro. Imagino que por el milagro de la nostalgia de la primera ola internetera que ya está llegando, solo hay que leer este post. Lo que no cuento en ¿Qué fue de la generación Kronen? es que yo era fan total de Juan Manuel de Preda. Coños, El silencio del patinador y Las máscaras del héroe me fliparon y le perseguía un poco en sus charlas o haciéndole entrevistas. Leyendo este texto se puede aprender alguna cosa: que Pérez Reverte siempre ha sido así, que hubo un tiempo en que lanzar a un escritor nuevo era un negociazo y que antes no existía la Wikipedia… y esto sí que tocaba aquí, pero se me ha hecho demasiado largo. A mí y a todos. Gracias por estar en mi web.
Las editoriales promocionaron con fuerza a estos autores (la generación Kronen, les llamaban) que, por otra parte, no les debían de costar demasiado caros. Los críticos refunfuñaban constantemente contra la idea de que la juventud pudiera ser en sí misma un valor literario e incluso los autores consagrados se revolvían contra sus menores, quién sabe si defendiendo su territorio. Así, Pérez Reverte criticaba a los jóvenes que «relatan las apasionantes vivencias que uno experimenta tomándose una caña con los colegas, o atracando una gasolinera -en Illinois por supuesto-, asunto original donde los haya».
¿Qué fue de la Generación Kronen? Ociototal, 1999